Juegos aparentemente inofensivos
Las cinco mesas de juego de la serie: la oca, el parchís, el mus, el chinchón y el ajedrez

Serie de thriller · Juegos mortales en Madrid

Juegos aparentemente inofensivos

En el Madrid de hoy, una web paga por jugar a la oca, al parchís, al mus. Quien pierde, debe. Quien gana, recibe encargos. Y al día siguiente, en algún lugar de la ciudad, alguien muere en un accidente que no lo es. Un bibliotecario desahuciado tendrá que aprender las reglas mejor que quien las escribió.

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Los libros

Portada de LA OCA
Juegos aparentemente inofensivos · 1

LA OCA

En Madrid, los juegos de toda la vida han dejado de ser inofensivos.

Tomás Ledesma fue bibliotecario veinte años. Ahora abre puertas por novecientos euros al mes, y el banco acaba de quitarle el piso. Una madrugada, desde un sofá prestado, encuentra una web que paga por jugar a la oca: cincuenta euros solo por registrarse, partidas fáciles y, después, pequeños encargos. En la oca hay una posada, un pozo y un puente. Y una casilla de la Muerte.

Portada de EL PARCHÍS
Juegos aparentemente inofensivos · 2

EL PARCHÍS

En el parchís nadie gana solo. Y nadie pierde solo.

La Banca ha cambiado de juego: ahora se juega por parejas, y a Tomás le ha tocado el compañero que más teme. El encargo, un hombre «comido». Veinte días de plazo. Y un banco de alimentos en Vallecas donde trescientas cuarenta familias esperan su bolsa cada primer sábado de mes. Una partida en la que, si Tomás pierde, pagan otros.

Portada de EL MUS
Juegos aparentemente inofensivos · 3

EL MUS

En el mus gana quien mejor miente. Fuera del tablero, también.

Esta vez Tomás no elige pareja: le sientan junto a un inspector de Homicidios al que han convencido con una foto de sus hijos en la puerta del colegio. El encargo es el fundador de un partido, sesenta y siete años de terquedad y unas memorias a punto de salir. No basta con que muera: tiene que parecer que se quitó la vida.

Portada de EL CHINCHÓN
Juegos aparentemente inofensivos · 4

EL CHINCHÓN

En el chinchón, quien no puede cerrar, paga.

Una regla que conocen todos los bares de España: quien pasa de cien queda eliminado… salvo que se reenganche. Pero en esta mesa el reenganche no se paga con dinero. Se paga con un nombre. Y Tomás Ledesma está a punto de descubrir lo que cuesta de verdad seguir jugando.

Portada de EL AJEDREZ
Juegos aparentemente inofensivos · 5 · Final

EL AJEDREZ

En el ajedrez no hay dados, ni cartas, ni suerte.

La Banca ha caído. Pero el hombre que escribía sus reglas sigue libre, y ha mandado a un bar de Carabanchel un tablero de ajedrez con una sola jugada y una tarjeta: «Su turno, Bartleby». Tomás solo sabe mover las piezas. Su rival lleva veinte años jugando solo, esperando a alguien que mereciera la pena. Y en este tablero, cada pieza importa.

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Quién es quién

Los personajes

Ningún héroe de acción: un bibliotecario, un jubilado, un policía con úlcera y una subinspectora que sabe buscar. Y enfrente, la Banca.

La libreta azul de Tomás y un carné de biblioteca

El bibliotecario

Tomás Ledesma

Veinte años al frente de la biblioteca de la calle de la Oca, en Carabanchel, hasta que la cerraron. Ahora abre puertas en una hemeroteca y duerme en un sofá prestado. En la web le llaman Bartleby. Ordena el mundo como un catálogo, y por eso ve lo que nadie mira: las reglas.

Una baraja española de casino y una boina sobre un hule de cerezas

El maestro

Anselmo Robledo

Setenta y siete años, viudo, cuarenta de mus en los casinos de la sierra. Le presta a Tomás el cuarto de costura y algo más valioso todavía: sabe leer una mesa antes de que nadie mueva una carta.

La libreta de hule del inspector, un portaminas y un café solo

El policía

Ramón Arévalo

Inspector de Homicidios en la comisaría de Leganitos. Úlcera, libreta de hule y treinta años de oficio. Donde todos ven un infarto, un accidente o un suicidio, él empieza a ver un patrón.

Un portátil abierto, un pendrive negro y una taza de café frío

La subinspectora

Lucía Velasco

Delitos Tecnológicos. La mejor de Madrid encontrando lo que alguien ha intentado borrar de internet. Hija de guardia civil, trabaja con una regla: la casa es más grande que cualquiera de los que están dentro.

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El mundo

El Madrid de la Banca

Un Madrid real de bares, sótanos y portales, donde cualquier juego de mesa puede ser una sentencia.

Una mesa redonda bajo una lámpara verde en un sótano

El sótano de la calle de la Coruña

Tetuán. Diecinueve escalones, una lámpara verde y una mesa redonda. Aquí se juega.

El bar El Cruce, en Carabanchel

El Cruce

Carabanchel. Bar de barrio, mus los martes y una mesa de formica al fondo donde se planea todo.

La sala de lectura de una hemeroteca

La Hemeroteca del Conde Duque

Donde Tomás abre puertas, apaga lámparas y encuentra lo que nadie busca.

Una biblioteca de barrio con las persianas bajadas

La biblioteca de la calle de la Oca

Persianas bajadas desde junio. Todo lo que Tomás ha perdido.

La primera partida empieza en un hostal de Lavapiés, una noche de septiembre.

Lee el prólogo →

Ilustraciones del universo generadas con inteligencia artificial.

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